20 de febrero de 2013

El Clásico en re menor

Caspar David Friedrich: «Mañana de Pascua» (1835)

No cabe duda que las tonalidades, y más antiguamente los modos, siempre se han relacionado con distintos estados anímicos y colores en la música occidental. Es inimaginable pensar que la muy conocida variación n. 18 de la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Sergei Rajmaninov puede sonar mejor en otra tonalidad que no sea Re bemol mayor. Si la subiéramos apenas un semitono (a Re mayor) se “ganaría” en brillo, pero se perdería toda la calidez y el timbre aterciopelado de su tono original.

La tonalidad de re menor tiene un puesto muy especial en la literatura musical, por algunos conocida como “la tonalidad de los réquiems”. Esta entrada, más que defender un único rostro del clásico re menor, pretende todo lo contrario, ponernos a escuchar la magnífica gama de emociones que en esa tonalidad los compositores clásicos fueron capaces de escribir.

Comencemos con Joseph Haydn. Habiendo pasado en su mundo sinfónico por un breve, pero intenso periodo del Sturm und Drang, fueron en promedio muy pocas las sinfonías en modo menor, destacando la num. 34 (1765) y la num.  80 (1784) ambas en re menor. En otros géneros se distinguen en ese tono, el oratorio “Las siete últimas palabras de nuestro Salvador en la cruz” (1796) y la “Misa Nelson” (Misa en Tiempos de Angustia, 1798). Podemos apreciar con cuáles afectos, en qué tonus se está relacionando el contenido (dolor, angustia) con la tonalidad.

Muy interesante que entre sus 52 sonatas para teclado ninguna fue escrita en re menor como tonalidad fundamental, sin embargo, compuso un segundo movimiento de solo 15 compases, que considero únicos dentro de su literatura para teclado y es el de la Sonata Hob.XVI:37 (1780):

Wolfgang Amadeus Mozart sin duda le dio una importancia mayor a la tonalidad de re menor. Su conocido Requiem está en ese tono. En su ópera “Don Giovanni”, el centro tonal es re menor y posee, para el momento histórico, la música más dramática escrita para ese género. Al igual que con papá Haydn, predominaron las sinfonías en tono mayor (algo típico del periodo clásico). Ninguna sinfonía está escrita en esta tonalidad, pero al igual que con el ejemplo de audio de Haydn anterior, deseo dejar un magnífico modelo en este tono extraído de la Serenata Kv.320 de su periodo de Salzburg:

De sus 18 sonatas para teclado, solo dos utilizan el modo menor (No. 8 en la menor, Kv. 310 - París, 1778 y la No. 14 en do menor, Kv. 457 - Viena, 1784). Sin embargo dejaba para una forma más libre, y quizás íntima, como es la fantasía, su debilidad por los tonos menores. De sus 4 fantasías, dos están en do menor y una en re menor. En su último año de vida escribe otra, pero para órgano, en este caso en fa menor.

Escuchemos el inicio de la Fantasía Kv. 397 (1782):

Otro re menor memorable es el de su Concierto para Piano Kv. 466 (1785) donde muchas entonaciones delatan el ambiente empleado un par de años más tarde en la obertura y final de Don Giovanni:

Es indudable que la cercanía del romanticismo fue tornando cada vez más afines a los compositores con las tonalidades menores. Ludwig van Beethoven es un buen ejemplo de esta tendencia. Aun cuando “su tono menor” será sin duda el de “do”, es obvio que la selección del re menor para su Novena Sinfonía fue bien pensada. Según mi criterio, selección más ligada al Re mayor con el cual finalizará la obra, objetivo final de su viaje de la oscuridad a la luz (algo similar ocurre con la misa en si menor de J.S. Bach, donde el si menor es un contraste necesario frente al otro eje tonal de la obra, Re mayor). La monumental Misa Solemne op. 123 de L. v. Beethoven (1823) también nació con el sello Re Mayor. Es famoso, dentro del grupo de música de cámara, el cuarteto op. 18 n.1. En su segundo movimiento escucharemos uno de los dramas más intensos en re menor:

Entre las 32 sonatas para piano no hay ninguna en re menor. Sin embargo nos ha legado quizás el Largo e mesto más enigmático de toda su producción para este instrumento. Obra escrita mucho antes de su primera sinfonía, nos presenta una tragedia sin palabras. Me refiero al segundo movimiento de la Sonata op. 10 n. 3 en Re mayor. Esta obra completa es digna de un análisis detallado, y más interesante aun si la vemos en el contexto de sus otras dos hermanas, la Sonata op. 10 n. 1 en do menor, y la op. 10 n. 2 en Fa Mayor. Sin duda será tema de una próxima entrada.

Escuchemos la sección expositiva y fragmento del desarrollo de este movimiento lento:

Como aclaré al inicio de esta publicación, no es mi objetivo encasillar a la tonalidad de re menor en un estado anímico específico. Espero que cada uno de ustedes busque cuales cuerdas vibran con cada una de estas obras.

Concluyo con algunos minutos de Franz Schubert y el Cuarteto “La Muerte y la Doncella” D.810:

Intérpretes:

Haydn: Sonata Hob 37 — Marc-André Hamelin (piano)
Mozart: Serenate Kv.320 — Neville Marriner (director)
Mozart: Fantasia Kv.397 — Mitsuko Uchida (piano)
Mozart: Concierto Kv.466 — Andras Schiff (piano)
Beethoven: Cuarteto op.18 n.1 — Cuarteto Borodin
Beethoven: Sonata op.10 n.3 — Wilhelm Kempff (piano)

2 comentarios:

  1. Muy bueno el informe, veo que el blog es reciente, felicitaciones entonces! y por más y nuevas entradas de esta calidad
    Saludos desde Buenos Aires

    ResponderEliminar